El Cementerio General de Santiago constituye uno de los espacios patrimoniales más relevantes de la historia urbana, social y cultural de Chile. Fundado oficialmente el 9 de diciembre de 1821, se emplazó en terrenos donados por la Recoleta Dominica al norte de la ciudad, cruzando el Río Mapocho, en el sector conocido como La Chimba. Su instalación en este lugar se consolidó como un hito en la expansión urbana de Santiago y en el proceso de secularización del espacio funerario. Desde sus inicios incorporó sepulturas destinadas tanto a la élite como a los sectores más pobres, reflejando ideales igualitarios inspirados en la Ilustración.
A lo largo de los siglos XIX y XX, el cementerio se transformó en un verdadero archivo material de la historia nacional, donde se expresan tensiones religiosas, políticas y sociales que han marcado el devenir del país. Entre ellas destaca la creación del Patio de Disidentes en 1855, espacio que evidencia las luchas por la libertad de conciencia, y el Patio 29, utilizado durante la dictadura cívico-militar como sitio clandestino de entierro de ejecutados políticos, hoy reconocido como lugar de memoria y Monumento Histórico.
Con el fin de salvaguardar estos valores y atributos, se han desarrollado iniciativas de difusión y puesta en valor, como recorridos guiados que facilitan el conocimiento del lugar, consolidados desde el año 2014. En este contexto, y entendiendo el cementerio como un espacio de exposición permanente de sepulturas y de devoción popular, en 2016 se incorporó un Plan de Interpretación para visitantes en español e inglés que permite realizar visitas autónomas. Asimismo, en los últimos años la institución ha impulsado programas de registro y conservación de bienes culturales mediante la implementación de un Plan de Manejo y Gestión y la generación de alianzas con instituciones académicas y públicas orientadas a preservar el patrimonio funerario nacional.
